En todas las familias los padres y madres ponen normas y límites a los hijos. Estas son necesarias para la maduración de estos, además les hacen sentir seguros y les resta impulsividad. Lo más difícil para algunos padres es hacer que los hijos las cumplan sin que se generen conflictos. Sobre todo cuando llega la adolescencia. Es muy importante tener presente que las normas son educativas, es decir,  sirven a los hijos para aprender pautas de comportamiento y para ir asumiendo responsabilidades. No son para estar yo tranquilo. Si se parte de esta premisa y sobre todo los padres se mantienen firmes en el cumplimiento de estas, se consigue que los adolescentes tengan una conducta adecuada. Y no se ha de olvidar que la adolescencia será más o menos ‘divertida’ en función de lo que se haga entre los 0 y los 12 años. 

El truco de esto está en intentar no enfadarse y si no cumplen alguna norma, aplicar una consecuencia. Las consecuencias han de ser adecuadas a la norma y no se han de poner como revancha. El objetivo de estas es que aprendan a cumplir las normas, no fastidiar a los hijos.

Por supuesto todo esto no está reñido con una buena relación con los hijos, es importante que haya comunicación y que se les de cariño. 

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